Sunday, April 02, 2006



TODOS TENEMOS UN ASTROLABIO...

El maravilloso invento del astrolabio por allá por la lejana Antiguedad como "buscador de estrellas" (su significado semántico primero), tiene para nosotros, seres humanos del siglo XXI pero inevitablemente herederos del siglo XX y hasta del siglo XIX, muchos significados y aproximaciones, pero quiero darle en este blog, el valor y el sentido de que cada uno de los seres humanos tenemos una consciencia que hemos de utilizar como un astrolabio para buscar la verdad, como instrumento de la razón para reflexionar, para el simple y formidable ejercicio de pensar.

Cada uno e nosotros lleva un astrolabio en su consciencia, en su razón, y aunque no lo sepa...

Solo pido e invito a que cada uno que tenga ocasión de leer este blog, que ponga en funcionamiento -con toda la pasión posible y con toda la frialdad necesaria- su propio astrolabio de la razón, para que se acerque al saber, al conocimiento, incluso a su propia verdad si lo desea... ya que todas las verdades establecidas, absolutas e inamovibles, están siendo derruídas por el paso del tiempo o por el avance del conocimiento y de la ciencia.

Saturday, April 01, 2006

LA RELACION ENTRE EL SUJETO Y EL OBJETO
EN LA INVESTIGACION CIENTIFICA
Materiales de Epistemología



¿Quién es el otro?


¿Qué relación puedo y debo establecer en cuanto sujeto conocedor, con mi objeto de investigación? Pero aun así cuando reflexionamos a la relación "sujeto-objeto" durante el conocimiento científico, no puedo menos de percibir que el "objeto" de que se ocupa mi investigación no es un objeto, es una persona, es un ser humano.


Las Ciencias Sociales se han confrontado históricamente con este dilema epistemológico, toda vez que en la aplicación de métodos y técnicas de investigación el sujeto que investiga, tiene delante suyo a otro ser humano. Si reducimos la cuestión a una lectura concreta, realista, los Sociólogos deberíamos decir: son dos personas, son dos individuos colocados en dos roles distintos, roles que no necesariamente son fijos, pero en definitiva roles sociales prescritos en los que existe siempre una connotación jerárquica.


¿Quién es el otro a quién investigo? La mera constatación de que es también un ser humano, con toda su poderosa carga ética y moral implícita, podría ser absolutamente insuficiente para responder a la cuestión desde la Epistemología y desde la Metodología de la Investigación.


Y más aún, ¿cómo evito que en el curso del proceso de investigación, no se sientan involucrados mis sentimientos, mis preferencias, mis propias creencias y pre-juicios frente al sujeto que investigo o que es objeto de mi conocimiento? Aquín está planteado el tema del método científico y de la ruptura epistemológica.



El método: de Bacon a Descartes


La idea de que es necesario un nuevo método para abordar el estudio de la naturaleza aparece ya de una manera clara y decidida en Bacon. En el "Novum Organum", luego de la "pars destruens", en la que Bacon analiza los ídolos (idola), es decir, los elementos o aspectos del conocimiento que interfieren en el conocimiento de la verdad y que recogen el conjunto de errores más comunes en la investigación de la naturaleza, se dedica en la "pars construens" a presentarnos un método de carácter inductivo que tiene por objeto la investigación de la realidad natural.


El método escolástico -predominante durante la Edad Media- había fracasado y se necesitaba un nuevo método que sea capaz de ofrecernos un conocimiento real de la naturaleza. A pesar de la oscuridad y de la retórica todavía existente en la obra de Bacon la formulación del método inductivo está inequívocamente formulada.


Lo mismo ocurre en el caso de Galileo Galilei. Su formidable búsqueda de la objetividad en el conocimiento de la naturaleza le llevará a rechazar los procedimientos escolásticos inspirados fundamentalmente en Aristóteles y respaldados a fardo cerrado por la Iglesia Católica. Galileo está convencido de que el conocimiento de la naturaleza es posible pero, que al estar escrito en un lenguaje matemático, requiere del conocimiento de dicha ciencia para ser interpretado así como de su aplicación correcta al ámbito del conocimiento. Sin embargo, es necesario recurrir a la experiencia para contrastar las hipótesis matemáticas que se formulan sobre la realidad, por lo que el carácter de su método es hipotético-deductivo.


Además, la interpretación matemática de Galileo se orienta hacia la cuantificación, dirección que seguirá la física moderna con Newton y que se continuará hasta nuestros días.


Descartes optará por una interpretación distinta del método. Comparte la idea de que la naturaleza es una realidad dinámica con estructura matemática. Comparte también la necesidad de la existencia del método dado el fracaso de los métodos anteriores en el conocimiento de la verdad. Pero tiene una interpretación distinta del significado de las matemáticas. Para Descartes el éxito de las matemáticas radica no en su estructura que hoy denominaríamos axiomática, sino en el método que utiliza.


Y ese método es un método deductivo. Si el conocimiento de la naturaleza es posible gracias a las matemáticas es pensable que utilizando el método que utiliza las matemáticas se pueda alcanzar la verdad y la certeza en el conocimiento de los otros aspectos de la realidad.


Descartes, por lo tanto, comparte con Bacon y con Galileo la necesidad del método para conocer la realidad. Las críticas que Bacon y Galileo realizan a la escolástica son similares a las que realiza Descartes. El fracaso de los métodos silogísticos, el fracaso de la física aristotélica, hacen necesario un nuevo método para interpretar la realidad. Ello supone la confianza en la razón que ha ido ganando su autonomía en el paso del siglo XVI al XVII.


El nuevo método además ha de tener capacidad para descubrir, no basta un método que tengan carácter meramente explicativo, que sirva para exponer o para comunicar un conocimiento. No se trata de transmitir un saber acumulado a través de la historia, sino de descubrir, de inventar. Dado que para Descartes el éxito de las matemáticas radica en la utilización de un método, parece quedar claro que el conocimiento de la verdad debe ir asociado a la utilización de un método.




Descartes, uno de los fundadores de la ciencia moderna, ya se había planteado el problema de la objetividad o más bien dicho, el dilema "objetividad-subjetividad", desde el punto de vista de la relación objeto-sujeto.



La mayoría de los estudios publicados sobre Descartes enfatizan los factores racionales de su pensamiento, se valora su racionalismo, su contribución a la evolución de las matemáticas (con la creación de la geometría analítica), sus estudios físicos (que competían contra los de Galileo), sus curiosas opiniones sobre la anatomía humana (actualizando las tesis de William Harvey), pero sobre todo su actitud epistemológica, su declaración de independencia de la razón, la ruptura con el anterior Renacimiento de los siglos XV y XVI y la creación de un moderno filosofar sobre el mundo.



René Descartes ya no piensa la realidad en términos exclusivamente "ontológicos" sino "epistémicos", o sea, que el eje de la verdad se deposita ya no más en el objeto sino en el sujeto del conocimiento. Este enfoque representó un cambio axial profundo que obligará al pensamiento abstracto a ser más exigente con el modelo de subjetividad.



Sin embargo, hemos de ser honestos, no pueden existir rupturas absolutas, la tradición siempre prolongará sus valores y problemas a las nuevas generaciones; las características de la filosofía cartesiana representan una continuidad que arranca quizá desde los griegos, que pasa por la teología medieval, sistematizada por la escolástica, y llega hasta la Francia del siglo XVII. Pero esto no elimina los tonos particulares con que Descartes asumía la búsqueda de la objetividad.



Los dilemas de la ruptura epistemológica


La moderna reflexión epistemológica responde a estos cuestionamientos, postulando la más absoluta ruptura epistemológica posible entre el sujeto que conoce y el objeto de su conocimiento. Esto significa que el individuo que investiga debe establecer con su objeto de investigación una relación lo suficientemente impersonal, objetiva y racional que no vea involucrados ni sus prejuicios ni sus pre-nociones ni sus sentimientos.


Efectivamente, la ruptura epistemológica es clave para el matemático que calcula, para el arquitecto que diseña, para el constructor que construye, para el astrónomo que escruta, para el físico y el ingeniero...pero ¿y el Asistente Social o el Psicólogo o el Sociólogo o el Periodista, que se ven confrontados diariamente con hechos cotidianos que subvierten su apreciada objetividad y fría racionalidad?


Para la ciencia moderna la ruptura epistemológica es una exigencia ineludible, anotada como una condición sine-qua-non para asegurar que el investigador -el yo conocedor- no vea distorsionada su razón y su comprensión de los hechos que investiga, por el involucramiento subjetivo que ocasionan los sentimientos, los afectos, las preferencias, la ideología o los prejuicios.


Pero, en realidad ¿puede el investigador desprenderse totalmente de esas condiciones de su subjetividad humana?


La respuesta es tan relativa como todo el proceso de búsqueda de la verdad y de la objetividad. El ideal moderno de la objetividad supone un investigador cuasi impersonal que se sumerge en la realidad a investigar sin involucrarse sentimental ni subjetivamente con el objeto que investiga, pero todos sabemos y los intelectuales tenemos la certeza que esa fría objetividad no existe y constituye un horizonte posible pero que no siempre se alcanza.


Una mirada postmoderna del progreso de la ciencia, nos permite comprender que es precisamente la búsqueda científica a través de la subjetividad humana la que podría permitira avanzar en la comprensión de numerosos fenómenos sociales, económicos y políticos. Posiblemente el ideal cartesiano de la objetividad exhaustiva está en camino de ser cuestionado.


Referencias bibliográficas


Herman, A.: The Scottish Enlightment. The Scots Invention of the Modern World. London, 2001. Fourth Estate.
LOS PARADIGMAS EN LA CONSTRUCCION
DEL CONOCIMIENTO CIENTIFICO
Materiales de Epistemología



En los inicios del siglo XXI, la sociedad contemporánea se enfrenta a una fase casi inédita de su desarrollo intelectual y científico. Se trata no solamente de una época de cambios, sino sobre todo y ante todo, un cambio de época, una nueva etapa que resulta ya no una derivación del desarrollo industrial producido en los siglos XVIII y XIX, sino una era en que el conocimiento y la información gradualmente adquieren el
rango de motores del progreso científico y tecnológico.


Y ese cambio de epoca, para la ciencia moderna, implica necesaria e ineludiblemente una crisis profunda del paradigma científico tradicional que había porevalecido desde el Iluminismo del siglo XVIII.


La ciencia es un conjunto de conocimientos racionales, ciertos o probables que se obtienen mediante el empleo del método científico, esta se denomina moderna porque se desarrolla en los siglos XVI, XVII y XVIII; es decir, esta se basa en el conocimiento científico, el cual no es más que un rasgo característico de la ciencia pura como de la aplicada. Una de las figuras claves en el proceso de construcción de un saber
racional en la ciencia fue el francés René Descartes (1596 - 1650), a quien se atribuye la fundación de la filosofía moderna que es el conocimiento y la existencia, y el desarrollo del paradigma mecanicista. Descartes es considerado el fundador de la ciencia moderna, debido a que estableció los fundamentos metodológicos y epistemológicos de la ciencia.



Entre los aportes de René Descartes a la ciencia están los siguientes postulados:


1. La naturaleza incluyendo la vida vegetativa y psíquica funciona de acuerdo con las leyes mecánicas que no poseen finalidad alguna.
2. La ciencia se ocupa sólo de los objetos sobre los cuales somos capaces de adquirir conocimientos ciertos e individuales.
3. El método de razonamiento analítico tiene más importancia que la experiencia sensorial y la representación mental.
4. Nuestro conocimiento de la realidad proviene de la razón.
5. El alma y el cuerpo son sustancias distintas.


Con René Descartes la razón se emancipa definitivamente de las ataduras de la religión y se convirtió en el instrumento fundamental y fundacional para alcanzar el conocimiento científico. El método científico nace de la necesidad del hombre preguntarse de modo sistemático, las respuestas nacen de la observación.



El verdadero origen de la ciencia recae en la capacidad de razonamiento de la especie humana, y en su original actitud observadora, por ejemplo el primer gran logro del método científico, consistió en la comprobación de los fenómenos regulares. El método racional: éste es llamado de esta forma por los asuntos a los cuales se le aplica no son realidades, hechos o fenómenos susceptibles de comprobación
experimental. Como sabemos, es a Galileo Galilei a quién se le considera el creador del método experimental en las ciencias, al combinar el razonamiento inductivo con la deducción matemática, de manera que con su obra comienza la ciencia moderna.Entre los métodos lógicos de la ciencia moderna, existen: la deducción, la cual parte de un marco general de referencia y se va hacia un caso objeto con la definición que se ha acordado por una clase determinada de objetos y fenómenos; la inducción, que trata de generalizar el
conocimiento obtenido en una ocasión a otros casos u ocasiones semejantes que pueden presentarse en el futuro o en otras latitudes; y el análisis, que trata en la separación de las partes de un todo a fin de estudiarlas por separado así como examinar las relaciones entre ellas.



La crisis del paradigma científico tradicional



En el desarrollo humano de la sociedad, la ciencia ha constituido un pilar fundamental en el avance científico desde su creación institucional a finales de siglo XVIII hasta nuestros días. La ciencia como institución, surgió a partir de la revolución científica- técnica como consecuencia de una nueva forma de producir.



La ciencia como tal, se inició como una actividad individual y fuertemente elitista, pasando en el transcurso de su desarrollo, a ser el mecanismo mediante el cual las sociedades se prepararon para la producción en masas. La llamada comunidad científica, se convirtió en el principal factor desencadenante de los descubrimientos e inventos en todas las disciplinas a través de la investigación organizada concentrada mayormente en las universidades y sus centros de investigación especializada.



Pero concebir a la ciencia sólo como una actividad industrial, sería encerrar a la misma en un mundo utilitarista y economicista tan simple, que no se podría aceptar. La ciencia es una actividad particular del hombre orientada hacia el estudio de la realidad a partir de un cuerpo de
conocimientos próximos a la verdad. Más que eso, la ciencia es el pilar fundamental del entendimiento del mundo donde vivimos, ya que nos ayuda a estudiarlo, explicarlo y transformarlo.



Para Thomas Kuhn, la ciencia no es lineal sino cíclica y cambiante, ajustada a procesos económicos, técnicos, políticos, religiosos, militares y de avance del conocimiento. Dichos ciclos son transformaciones teóricas sobre la concepción de la realidad a partir de leyes científicas y proposiciones creativas e innovadores de una forma particular y diferente, a esto Kuhn lo denomina paradigma científico. Los paradigmas
científicos han constituido a lo largo de la historia, la fuente fundamental explicativa por parte de la ciencia de los fenómenos y hechos que surgen por el constante devenir de las transformaciones, cambios y contradicciones de la realidad humana. Los paradigmas en dicha dinámica social, son pasajeros, pero no olvidados a medida que explican fenómenos que no han sido estudiados o tratados vagamente y otros
que refieren explicaciones diferentes pero que no tiene una visión radicalmente distinta. Este continuo paradigmático, hace que la ciencia sea dinámica, lo que se criticaba antes, hoy se encuentran nuevas interpretaciones y se originan nuevos paradigmas a partir de la base de sus deficiencias y diferencias según el contexto social donde ocurra dicha comparación y diseño del nuevo paradigma.



Cuando Einstein creó la Teoría de la Relatividad, la Teoría Newtoniana pasó a cuestionarse pero no a negarse en su totalidad, del entendimiento de un fenómeno, en este caso de la física, surgen nuevas interpretaciones que hacen que la ciencia constituya avances de conocimiento próximos a una nueva verdad que tienden a unificar la totalidad del fenómeno estudiado. Sin duda Einstein y Newton,
unificaron la física. Los paradigmas de la ciencia moderna se concentraron en una visión universalista de la misma a partir de un método
científico común que explicara el camino a la verdad incuestionable. Desde Galileo y Descartes, se inicia el dominio del racionalismo
científico en lo que paso a ser el método científico que conocemos hoy, cargado de una posición positivista del conocimiento, que sin duda, en
pleno siglo XXI, se mantiene en los criterios fundamentales de las investigaciones científicas. La superación de la simple comprobación
hipotética deductiva, es una necesidad para la ciencia de hoy ya que la realidad y los objetos de investigación requieren de una visión más
amplia y vista desde varias ciencias, pero unificadas en su explicación y resolución de las contradicciones a partir de una noción postmoderna
en un paradigma emergente.


El paradigma emergente de la ciencia parece brotar de la dinámica y dialéctica histórica de la vida humana y se impone, cada vez mas con fuerza y poder convincente, a nuestra mente inquisitiva. De hecho, la ciencia es consecuencia de la racionalidad e inteligencia humana y es éste- el hombre- el único capaz de cambiar sus propias interpretaciones sobre la realidad a fin de impulsar cambios en la ciencia
moderna.



El paradigma emergente en las ciencias



El paradigma emergente en las ciencias contemporáneas, descansaría en los siguientes postulados científicos.


1. La ciencia descansa en el orden de los sistemas abiertos como respuesta a la causalidad y simplicidad de la ciencia tradicional. Esto hace que los conocimientos científicos deben entenderse bajo una totalidad integral unida y no disgregada que interactúa constantemente con la realidad que los produce, lo determina y los impulsa.

2. La nueva ciencia debe descansar en una ontología sistémica donde el hombre sea el centro del saber bajo parámetros de totalidad e
interrelación de los fenómenos que explica. El viejo fundamento aditivo de la ciencia a partir de la base matemática, debe ser superado por
una visión interdisciplinaria integral donde el método hermenéutico sea la guía para la personalidad científica del hombre que investiga.

3. El paradigma emergente concibe el conocimiento personal no como una imagen simplista positivista de los procesos cognitivos básicos que
requiere el hombre para explicar su realidad, sino una nueva visión que incita al entendimiento dialéctico entre el objeto y el sujeto y
fundamentalmente del contexto socio-histórico que rodea las interpretaciones teóricas subjetivas del sujeto que investiga.

4. Desde los anteriores principios ontológicos, la meta comunicación y la auto referencia, hacen que el espíritu critico reflexivo del hombre
sean transmitidos a través de procesos de comunicación sociales e institucionales capaces de difundir su esfuerzo para el cuestionamiento y el
análisis constante de los fenómenos que estudia.

5. La ciencia en su nueva interpretación, debe estructurarse bajo el principio de complementariedad del conocimiento, la vieja visión
particular debe sustituirse bajo una visión sistémica interdisciplinaria, es decir, del esquema hipotético deductivo a un esquema sistémico
integral.


En síntesis, el paradigma emergente se fundamenta en el principio de la interdisciplinariedad – punto explicado posteriormente- como camino científico idóneo para la nueva interpretación de la ciencia en el contexto del postmodernismo.



La postmodernidad
y el paradigma emergente de las ciencias



Vivimos la época de la post-modernidad. Vivimos la época de la crisis de los paradigmas tradicionales en la Ciencia, así como asistimos a la crisis de las grandes ideologías y meta-relatos en el campo de las Ciencias Sociales y de la Política.



Veamos ahora una visión general del postmodernismo como sistema social en donde la ciencia tiene una noción distinta y muy particular que explica el contexto sociológico y epistemológico del conocimiento. La era postmoderna se inició con la crisis del modelo empirista de la ciencia, donde el objeto se construye a partir del discurso científico y donde no es posible encontrar principio ni leyes universales y absolutas, por el contrario, el postmodernismo se basa en el conocimiento de las bases de los discursos, entiende sus
limitaciones, el contexto cultural e ideológico donde surgen a través de una fuerte demarcación del lenguaje como categoría central.



Al respecto se afirma que el postmodernismo expresa una preocupación fundamental por expandir las posibilidades y propósitos de la
práctica teórica. En particular, está interesado en descubrir las razones por las cuales el intelecto procura descubrir ideas importantes, mas
allá de la noción de que la realidad está compuesta de cosas por conocer.



El objetivo del postmodernismo sería entonces intentar buscar con claridad nuevas interpretaciones sobre lo social y sobre lo científico, en un continuo devenir por explicar la relación de lo que se produce y quién lo produce, es decir, no busca una explicación absoluta de la realidad.


Para estudiar el postmodernismo deebemos hacer referencia a los grandes pensadores de este paradigma como lo son los franceses Jaques Derrida, Michael Foucault y Jean Lyotard y el estudioso estadounidense Richard Rorty cuyos aportes fundamentales se resumen aquí muy esquemáticamente.



R. RORTY: Critica al conocimiento moderno por ser algo objetivo y eterno a través del discurso anormal.

F. LYOTARD: (léase "Lyotar"). La ciencia es la pluralidad de juegos del lenguaje que se originan de la ruptura de la idea de que las ciencias están fundamentalmente unificadas y rechaza el viejo principio interdisciplinario de que las investigaciones del conocimiento no son interpretables y que sólo puede ser
interdisciplinario aquello visto bajo el principio de la performatividad (categoría sistémica).

M. FOULCAULT: (léase "Fucó"). La búsqueda del conocimiento es política a medida que este está ligado a las estructuras del poder. La ciencia es poder.

J. DERRIDA: (léase "Derridá). Plantea a través de la deconstrucción, la inestabilidad de las distinciones entre el habla y el escrito en los textos científicos.



En síntesis, los pensadores posmodernistas critican abiertamente el paradigma modernista de la Ciencia y rechazan la posibilidad de todo control objetivo y absoluto de la ciencia en la producción del conocimiento y dejan abierto el camino interdisciplinario como mecanismo alternativo para el desarrollo de la ciencia y el entendimiento humano.



La interdisciplinariedad en el nuevo paradigma científico



El carácter interdisciplinario constituye sin duda la base para la nueva investigación y comprensión de los fenómenos y avances para el desarrollo social y humano. No fue hasta el principio del siglo XX que la noción interdisciplinar como categoría científica, constituyó una preocupación por parte de la comunidad mundial en torno al rompimiento de la especialización y separación de las ciencias.



Las razones para que la interdisciplinariedad pasara a constituirse en un tema de discusión, descansan en tres razones fundamentales: la primera, y la más básica, se refiere a la búsqueda de la unión del conocimiento en un todo unificado, coherente y complejo; la segunda, dice
relación con el desarrollo natural de las ciencias, es que la interdisciplinariedad es consecuencia de la propia evolución y acumulación del conocimiento como la fusión de perspectivas separadas comunes y diferentes, y finalmente, desde una perspectiva más pragmática, lo
interdisciplinario puede ser comprendido como entender el rol de la ciencia y el conocimiento en la solución de los problemas básicos del hombre y la sociedad.



En vista de ello, la interdisciplinariedad es consecuencia del agotamiento del paradigma modernista del conocimiento y la exigente presión de los sistemas económicos sociales por la eficiencia de la ciencia y la necesidad de un conocimiento multicientífico más concreto a la complejidad de las contradicciones sociales del mundo de hoy.



La perspectiva interdisciplinaria concretamente comenzó a sistematizarse a principios del siglo XX en la década de los treinta, donde el llamado Círculo de Viena (Otto Neurath, Carnap, entre otros), intentó unificar los aspectos racionales e empíricos por medio del positivismo lógico.


En los años cuarenta, los creadores del Centro de Educación Integral, trataron de integrar el pensamiento educativo en una visión general y holística. Entre ellos Pitirim Sorokin y Northrop fueron los más influyentes. En los años cincuenta, surgieron paradigmas integradores como lo fue la teoría de sistemas en la noción de la interrelación de las partes componentes de un todo unificado y el estructuralismo, como teoría explicativa de lo organizacional a través de los procesos y sus relaciones para la producción de conocimiento. En los años 70, en el Seminario Internacional sobre Interdisciplinariedad realizado en la Universidad de Niza (Francia) se definieron conceptos y categorías que aclararon aún más este concepto en sus tres niveles básicos: lo multidisciplinario, lo interdisciplinario y lo transdisciplinario.



Así lo interdisciplinario "sería la combinación de saberes en el contexto del cuestionamiento a la idea de una verdad científica pura". En palabras de Jean Piaget la interdisciplinariedad...es "la cooperación entre varias disciplinas o sectores heterogéneos de una misma ciencia" que "lleva a interacciones reales, es decir hacia una cierta reciprocidad de intercambios que dan como resultado un enriquecimiento mutuo".


De las definiciones anteriores, se aprecian distintos elementos interesantes que nos permitirán indagar en el contexto de esta categoría científica. Por un lado, la interdisciplinariedad parte de la idea del rompimiento de la verdad e interpretación única y universal de los fenómenos que estudia la ciencia, por otro lado, la interdisciplinariedad obedece a principios de interrelación e interacción entre las disciplinas a fin de enriquecerse y ampliar el foco de la explicación científica de los objetos que se estudian.



Por lo tanto, podemos afirmar que la interdisciplinariedad se nutre de una visión global, universalista, ontológica de la realidad, en el sentido de que esta realidad puede ser explicada a partir de varios puntos de vista, ddesde varias perspectivas, desde varias disciplinas al mismo tiempo, las que deben permitir unificar un resultado integral de las cosas y hechos que se estudian sin caer en un eclecticismo sin sentido.



Del mismo modo, la interdisciplinariedad provendría de la propia naturaleza racional del ser humano, quien tendería a interpretar de diferentes maneras y unificar criterios explicativos de los hechos que observa y sistematizaría científicamente a partir de su propio método como investigador. Las categorías científicas son universales y libres de ser tomadas para poder entender la realidad, pero los métodos con que se produce conocimiento, deberían ser las herramientas mediante las cuales, el sujeto conocedor consolida la estructura del mismo y unifica dichas categorías para fortalecerlo y explicar más claramente su sentido social, es decir, su interpretación libre, creadora y crítica de las dudas y contradicciones que lo rodean.



Por ser el conocimiento científico producto del esfuerzo intelectual y racional del ser humano en cuanto ser social, lo interdisciplinario lleva consigo la relación de los procesos sociales integrales que forman parte de la vida y la comunicación del hombre. Un mundo global lleva consigo no sólo la unificación de la producción y el intercambio de mercancías, sino también unifica las explicaciones científicas para el bienestar de todos, la ciencia no debería convertirse en mecanismo de opresión humana, ni en factor desigualador y cristalizador de las desigualdades sociales, sino que por el contrario, debería ser un instrumento de la racionalidad para la liberación de la conciencia social, dee la sociedad en su conjunto y de la inteligencia humana.



Desde una perspectiva epistemológica, por lo tanto, la interdisciplinariedad constituye una tentativa para unificar transversalmente los campos de saberes y de acción de las disciplinas que estudian los hechos y fenómenos sociales. No se trata de unificar "a priori" los paradigmas del conocimiento que por su naturaleza epistémica son irreconciliables desde el punto de vista ideológico e histórico social. Su esfuerzo orienta al enriquecimiento e intercambio racional de los métodos de las disciplinas bajo cierta independencia con respecto a las categorías epistemológicas propias de cada ciencia, a fin de mejorar sin egoísmos científicos, el estudio de lo real. Es perfectamente predecible que en un futuro no muy lejano, la interdisciplinariedad tendrá una necesaria plataforma de saberes científicos conexos para su administración y puesta en práctica por las organizaciones humanas, ya que la ciencia y sus teorías, obligadamente deben servir en lo concreto a la producción y al progreso integral de la sociedad, aunque es propio del espíritu post-moderno de hoy, tender a evitar la sacralización de los postulados de un paradigma.


En este sentido, el papel de las instituciones de producción de conocimiento se estructurará en la gestión de lo interdisciplinario, punto clave, a mi juicio, en la eficacia del manejo de la complejidad del proceso por lo menos en el campo de la producción científica , de igual modo, este contexto de lo científico, estará supeditado a las nuevas exigencias de los sistemas sociales y a la expansión del capitalismo en una era donde las nuevas tecnologías basadas en la información, constituirán el camino mediante el cual las sociedades deberán dirigirse enfrentando los retos de la pobreza y la exclusión social.



REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS



Hernandez Sampieri, R., Fernandez Collado, C., Baptista Lucio, P.: Metodología de la Investigación. Mexico, 1998. McGraw-Hill.
Grawitz, M.: Méthodes des Sciences Sociales. Paris, 1990. Ed. Dalloz.
Kerlinger, F.N.: Investigación del Comportamiento: técnicas y metodología. México, 1975. Edit. Nueva Editorial Interamericana.


[Me pregunto si le irá bien a la Idilia con estos apuntes...]
EL CONOCIMIENTO CIENTIFICO COMO PROCESO
Materiales de Epistemología



El punto de partida de la ciencia reside en la voluntad del ser humano de servirse de su razón para intentar comprender, controlar y transformar la naturaleza.


El conocimiento científico puede ser comprendido como proceso, desde dos perspectivas epistemológicas distintas pero complementarias e interdependientes entre sí: la idea general que el desarrollo del saber científico es un proceso de construcción siempre incompleto y siempre en elaboración; y la idea de que el razonamiento científico ha de seguir siempre una secuencia pre-establecida de pasos metodológicos sucesivos que nos llevan desde el sujeto al objeto y viceversa.


Desarrollemos estos dos conceptos.



El conocimiento científico
como proceso inacabado de construcción



El saber científico y el proceso de su adquisición, es decir, el conocimiento de la ciencia, son procesos ininterrumpidos, en cuanto es necesario reconocer que los hallazgos de una determinada disciplina, en un momentoi determinado de su desarrollo histórico, nunca proviene de saltos azarosos o de descubrimientos ocasionales y fortuitos, sino que resulta de la penosa y lenta elaboración proveniente de los conocimientos anteriores que la propia ciencia u otras disciplinas han podido construir.


Así, la ciencia en general y las Ciencias Sociales en particular, sobre todo en el presente, nunca parte desde cero -no podría serlo al cabo de más de veinte siglos de saber acumulado- sino que siempre ha de dar cuenta del estado de avance de los conocimientos, estado que depende de la base de conocimientos adquiridos anteriormente y que sirven como provisorio punto de partida para las nuevas investigaciones y los nuevos hallazgos.


La Ciencia de hoy es tributaria -estrecha y solidariamente tributaria- de la Ciencia del pasado, en términos tales que el saber acumulado constituye en sí mismo el acervo histórico heredado que cada Ciencia adopta como propio.


Ese es el sentido epistemológico de la ciencia en cuanto proceso: la historicidad de la ciencia deriva entonces precisamente de su condición de proceso de construcción sucesiva e interminable del conocimiento, a través del tiempo y en que las adquisiciones del conocimiento se suceden y superponen ensanchando, ampliando, complejizando y profundizando los campos de comprensión e interpretación.


Los campos del saber, como consecuencia de esta condición de proceso, experimentan un sucesivo ensanchamiento: a partir de los hallazgos anteriores, los hallazgos actuales amplían la comprensión que cada disciplina es capaz de dar a la parte de la realidad sobre la que trabaja. Pero, al mismo tiempo que el saber se ensancha (en términos cuantitativos de saberes adquiridos y acumulados), los conocimientos tienden en algunos casos exponencialmente a la complejización y a la profundización. Cada ciencia se interna en los aspectos cada vez más amplios y diversos de la realidad, indagando causas y consecuencias, penetrando en la materia o en el ser hasta dimensiones siempre nuevas y poco conocidas.


Como consecuencia de este proceso paulatino de enriquecimiento y complejización del conocimiento, los campos del saber a su vez, tienden a encontrarse, a entrecruzarse, a superponerse unos a otros sobre los mismos aspectos de la realidad, complejización que conduce a la interdisciplinariedad y a la pluridisciplinariedad. Mediante la interdisciplinariedad, distintos campos del saber intercambian saberes, teorías, conceptos, métodos, enriqueciendose mutuamente, mientras que a través de la interdisciplinariedad, cada campo del saber al encontrarse con otros, da orígen a nuevos campos del saber que trascienden los límites de cada una de las disciplinas individuales que le habían originado.


El primer problema que tiene que enfrentar la ciencia es saber cómo ella es posible. ¿Cómo lo real se presta a nuestra investigación? ¿Cómo el sujeto encuentra el objeto, cómo lo conoce? Una parte importante de la historia de la ciencia y de la filosofía de la ciencia ha sido dedicada a intentar esclarecer estas interrogantes. A lo largo de esa historia de las ciencias, la razón humana, la reflexión ha sabido separar al sujeto conocedor del objeto a conocer.



El conocimiento científico como secuencia de pasos metodológicos



Una segunda dimensión del problema se nos presenta a la hora de entender el conocimiento científico como una secuencia de pasos metodológicos que nos van a llevar hacia la verdad, hacia el saber.


El razonamiento, que es la base del conocimiento, implica una cierta relación entre un sujeto y un objeto del saber. Esa relación no sucede en la ciencia como consecuencia de un pensamiento desordenado, caótico o meramente intuitivo, sino que es el resultado de un proceso intelectual. La razón no opera sin embargo, espontáneamente por una sucesión de pasos o momentos de "escalamiento" desde la ignorancia hacia la luz de la verdad. Por el contrario, la razón tiene que ser educada, tiene que ser enseñada en este difícil camino que tiene que seguir el entendimiento para "saber lo que no sabíamos".


Existen en general dos grandes tipos de razonamiento científico: el razonamiento deductivo y el razonamiento inductivo.


La deducción es ante todo un medio de demostración.


Parte desde ciertas premisas supuestamente seguras o ciertas y de cuyas consecuencias deducidas obtenemos la certeza de su veracidad. Ya en su época, Aristóteles auniciaba que es necesario que la ciencia demostrativa, la única verdadera según él, parte desde premisas ciertas, verdaderas, primeras, inmediatas. De este modo, el razonamiento deductivo parte desde la teoría (las premisas verdaderas antes mencionadas) para intentar comprender la realidad concreta y explicarla. El razonamiento deductivo, entonces, va de la teoría a la realidad.


A su vez, la inducción es una generalización, operación mediante la cual extendemos a una determinada clase de objetos aquello que hemos observado en uno o unos pocos individuos o algunos casos particulares. El razonamiento inductivo entonces, va de la realidad a la teoría.


Se distinguen en general dos tipos de inducción: la llamada inducción rigurosa, también conocida como aristotélica, que reconoce ciertas características a los fenómenos observados (en principio a la totalidad de los casos), los generaliza o los sintetiza en una ley, y la llamada inducción amplificadora o experimental, que, desde un número determinado de hechos observados generaliza hacia un número infinito de hechos posibles.


A su vez, será la Metodología de la Investigación la que va a proponer un conjunto de procedimientos, de pasos procedimentales sucesivos para llegar al saber. Esa secuencia es la siguiente:


1. La concepción de la idea de investigar.

2. El planteamiento del problema de investigación (objetivos, preguntas básicas, fundamentos y viabilidad de la investigación).

3. Elaboración del marco teórico (revisión de la literatura anterior, construcción de los conceptos básicos).

4. Definición del tipo de investigación (exploratoria, descriptiva, correlacional o explicativa) y del alcance o profundidad que va a alcanzar.

5. Diseño de la hipótesis de la investigación, así como de las variables y los indicadores de éstas.

6. Diseño de la investigación (definición de las unidades de análisis).

7. Diseño muestral: universo y muestra.

8. Proceso de recolección de datos (elaboración del instrumento de recolección de datos - IRD, validación y confiabiliad del IRD, pre-test, aplicación del IRD, codificación de los datos).

9. Análisis de los datos (selección de las pruebas estadísticas, elaboración del problema de análisis).

10. Presentación de los resultados.



[Seguro que este material le va a servir a mi alumna Idilia...]


Saturday, March 04, 2006

LE MATERIALISME, CA NE SE DISCUTE MAS
Le Monde, 3 mars 2006


L'appel de scientifiques polémiquant avec le matérialisme publié par Le Monde (le 23 février) est désolant : non, bien entendu, par la revendication de la liberté de pensée en science qu'il comporte, mais par la confusion des plans à laquelle il procède.


Le matérialisme n'est pas un a priori philosophique : même s'il y a eu un matérialisme spéculatif autrefois, incarné dans l'Antiquité par Démocrite et Epicure ou, plus près de nous, par des philosophes français du XVIIIe siècle et qui n'avait pas de fondement scientifique avéré, l'idée que le monde est matière et que ce qu'on appelle l'"esprit" n'en est qu'une forme n'a rien à voir avec un postulat intellectuel qui imposerait sa norme arbitraire à la recherche scientifique.


Non seulement le matérialisme constitue le présupposé méthodologique de la connaissance scientifique, son horizon d'enquête inévitable - que serait celle-ci si elle s'attachait à des réalités surnaturelles, non réductibles à l'expérience matérielle ? -, mais, surtout, il est imposé ontologiquement par la science biologique et, spécialement, la théorie darwinienne de l'évolution.



Celle-ci, en nous démontrant que l'homme est un produit des transformations de la nature matérielle, nous oblige à admettre que la pensée n'en est qu'une propriété lorsqu'elle est parvenue à un haut degré d'organisation ou de complexité. Point d'a priori, ici, mais simple traduction après coup d'un état des sciences qui ruine la plupart des constructions idéalistes ou spiritualistes qui l'ont précédé.


Précisons, pour ceux qui ne l'auraient pas compris, que la science qui légifère dans ce cas ce n'est point la physique - dont la plupart des signataires sont des spécialistes -, mais la biologie, prolongée aujourd'hui par les sciences cognitives : alors que la physique porte exclusivement sur la matière inanimée, seule la biologie se prononce sur le rapport de la matière à la pensée, point décisif où se joue le sort scientifique du matérialisme philosophique dans les conditions intellectuelles de notre temps.


La réflexion métaphysique, elle, se situe à un tout autre niveau. Elle s'intéresse à l'origine ultime de cette matière : est-elle créée ou incréée, finie ou infinie ? Et il est vrai que la science, ici, ne saurait ni présupposer ni imposer quoi que ce soit, et l'on peut, à la fois, savoir que l'homme est un produit de la nature et croire que celle-ci a une origine divine, voire que son évolution a un sens transcendant qui échappe à la raison humaine. Mais on n'est plus alors dans le champ où la question de la validité du matérialisme, tel que la science nous oblige à le concevoir, se pose. On est dans celui d'une optique sur la totalité de l'Etre qui est, par définition, indémontrable et où tous les énoncés spéculatifs sont concevables et légitimes dès lors qu'ils n'interfèrent pas avec les résultats de la connaissance scientifique et ne les contredisent pas : aussi bien celui que le monde a été créé que celui qu'il est éternel et incréé, et, donc, se suffit à lui-même.


Confondre le matérialisme scientifique et l'athéisme dogmatique, c'est donc oublier que le premier pratique l'abstinence métaphysique, s'en tient à ce qui est accessible a posteriori à la connaissance humaine, et se donner le moyen facile de le récuser au nom d'une conséquence spéculative qui ne lui est pas nécessairement liée.


Par contre c'est occulter ce qu'il y a en lui de contraignant, que cela plaise ou non à notre narcissisme et que tous les grands penseurs, après Darwin, ont admis depuis le XIXe siècle, à commencer par Marx, Nietzsche et Freud : l'idée que l'homme est de part en part matière, que celle-ci soit biologique, psychologique ou sociale, qu'il ne transcende pas mystérieusement la réalité empirique et qu'il s'offre ainsi à l'investigation indéfinie de la science, sans a priori.


Yvon Quiniou est professeur de philosophie en classe préparatoire scientifique au lycée Pierre-Mendès-France de La Roche-sur-Yon et coauteur d'Impostures intellectuelles et intrusions spiritualistes en sciences (Syllepse, 2001). Dernier ouvrage paru : Athéisme et matérialisme aujourd'hui (Pleins Feux, 2004).

Monday, February 27, 2006

REGION, IDENTIDAD E HISTORIA
Reflexiones desde Magallanes
en el umbral del Bicentenario

Manuel Luis Rodríguez U.




Introducción


¿Quienes somos los magallánicos?
¿Qué nos identifica y distingue?


Este ensayo tiene por ambiciosa finalidad intentar proponer una reflexión intelectual de carácter histórico y prospectivo acerca de la identidad cultural de la región de Magallanes, a la luz de tres interrogantes generales:
1° ¿Existen las identidades a nivel regional y si es así, qué elementos la constituyen, y cómo se articula ésta con la identidad nacional?
2° ¿las historias regionales han sido suficientemente interpretadas dentro de las historias de Chile?
3° ¿Cuáles son las macro-tendencias de la región de Magallanes durante el siglo XX y cómo se vinculan con el resto de Chile?


Para los efectos de este ensayo, definimos identidad cultural como el conjunto de valores, costumbres y tradiciones, en cuanto atributos que caracterizan e identifican a un grupo humano, asociado a un territorio y a una historia comunes.
La identidad cultural según nuestra definición, tiene a la vez, una historicidad y una territorialidad.
Según la definición propuesta, la identidad de una comunidad se constituye en un patrimonio históricamente determinado, en un legado que se asienta y se vincula a un territorio, pero que siempre es un dato cultural. La identidad es a la vez, acervo histórico y experiencia vital presente, las que se proyectan al futuro a través del aprendizaje (de las distintas formas de socialización) experimentadas por las generaciones sucesivas.
Se trata también, como se verá más adelante, de uno de los resultados culturales del proceso de territorialización. Este consiste en el lento y gradual proceso durante el cual un grupo humano se apropia, domina, y transforma un determinado espacio geográfico hasta convertirlo en su territorio.
Por otra parte, la identidad cultural, como proceso discursivo, intelectual y subjetivo, muy frecuentemente es definida por ciertos grupos sociales, los que asumen la representación de toda la comunidad. Es necesario subrayar por el contrario, que la identidad cultural (que se forma en un proceso interminable) no es el patrimonio exclusivo ni el emblema monopólico de ninguna clase o sector social, sino que es el resultado colectivo de complejos y prolongados procesos de síntesis, siempre inacabados, y en los que cada sector contribuye con su propia visión de mundo.


Esto es aún más evidente dentro de una comunidad regional, la que por sus dimensiones demográficas, y por su limitado espacio territorial, contiene experiencias colectivas vividas muy fuertemente. Al interior de una comunidad regional, las vivencias individuales y colectivas se encuentran más cerca de la cotidianeidad.
Esta cercanía no solamente es simbólica o subjetiva, sino que supone sobre todo, una mayor proximidad, cercanía y aprecio con el territorio.
La identidad cultural es específica y básicamente, un fenómeno situado a nivel de la conciencia colectiva. Se trata de un conjunto de atributos asumidos como propios por los habitantes de la región. Estos atributos se constituyen en un discurso de la identidad.


La región como entidad histórico-cultural y geográficamente situada, a través de su actividad regular y de su diálogo al interior de la Nación, va generando formas de autorepresentación: se trata entonces, de un discurso autojustificatorio cuyo campo comunicacional es polisémico.
La identidad cultural de una comunidad regional no es un dato fijo o estático, sino que es un proceso identificatorio, que evoluciona en el tiempo (o sea, en la Historia), y que siempre hace referencia a la condición geográfica.


La identidad –tanto para sus emisores como para sus receptores o públicos externos- se manifiesta o se verbaliza en mensajes de todo tipo: los habitantes de una región transmiten identidad siempre y en todo lugar, haya o no intención comunicativa. Puesto que en todo acto de comunicación –cualquiera sea su contenido referencial explícito- siempre existe una dimensión de comunicación identificatoria (o sea referida a la identidad del emisor), puede decirse que en una región todos sus habitantes emiten comunicación identificatoria siempre, a través de su discurso, de su organización, de su quehacer económico, social y político, de sus estilos de vida y de trabajo, de su sociabilidad, de sus modalidades de ocupación y poblamiento del territorio.
La identidad cultural de una comunidad regional es un contenido semántico adherido a todos sus productos culturales (todos los hechos materiales y humanos), los que operan como significantes. Las tradiciones, costumbres, mitos y leyendas, estilos de vida, y modalidades de lenguaje de cada región, contienen un sello identificatorio y significativo único, caracteristico e irrepetible, y que siempre se asocia a los habitantes y al territorio que éstos habitan.
De este modo, la región –entendida como una entidad histórico-cultural única y distintiva, asentada en un lugar geográfico propio- es un territorio significante que habla de sí mismo, que se autosimboliza a través de todos y cada uno de sus habitantes y de sus asentamientos humanos.
La identidad cultural de una región es así, tanto un fenómeno de contenido material (que puede verse, comprenderse y comunicarse, a través de objetos, mensajes y productos), como un contenido simbólico, históricamente repetido, transmitido y modificado, que está inscrito en la memoria y el subconsciente colectivo de todos sus habitantes.
A medida que el grupo humano se asienta en un cierto espacio geográfico, se va apropiando material y simbólicamente de él. Al hacer cultura, el grupo humano hace historia, pero su historia siempre tiene lugar en una geografía.
Esta reflexión se realiza en el marco de los encuentros regionales sobre Identidad e Historia con miras al Bicentenario de la Independencia de Chile.



Identidad y región:
Magallanes y la Patagonia
pensados desde la cultura


¿Existe una identidad cultural magallánica?
La pregunta resulta tan pertinente como que nos acercamos a la celebración del Bicentenario de la República y merecemos reflexionar sobre los rasgos esenciales y profundos de nuestra cultura regional, proyectados en función de las tareas y desafíos que se presentan en los inicios del siglo XXI.


Los nuevos dilemas
de nuestra cultura


De todos los dilemas culturales e intelectuales a que nos enfrentamos en el presente, acaso el más acuciante es el que nos imponen los procesos de globalización, en la medida en que las fronteras (entendidas como límites fijos y controlables) tienden a diluirse y por lo tanto la circulación de símbolos, imágenes, significados y productos culturales provenientes de los más diversos orígenes se convierte en una avalancha.


La globalización se nos manifiesta en el presente como una tendencia económica y cultural que opera a escala de grandes mercados y a nivel planetario y a través de productos, símbolos y significados mundializados.()
En este nuevo escenario socio-cultural, está cambiando la escala y velocidad de los intercambios, pero sobre todo, el contenido de lo que intercambiamos.
Un número creciente de productos culturales llegan hasta nosotros, desde los rincones más remotos del planeta, mientras creemos o parecemos incapaces de exportar y penetrar sociedades y culturas exteriores con nuestros productos culturales, pero olvidamos que la diáspora magallánica en el exterior está constituída por otros tantos islotes humanos y culturales de presencia de Magallanes en el mundo.


La economía y la cultura de Magallanes estaban ya en proceso de "mundializarse", cuando se configuró en esta parte del mundo una "economía ganadera de exportación" (1880 en adelante), de manera que llegaban a nuestras costas y a los hogares magallánicos, productos, imágenes y símbolos provenientes de Europa (de los países eslavos, de Inglaterra, de Alemania, de Italia, España o Portugal) de Norte América o de Asia, de la mano de las crecientes importaciones y de las corrientes migratorias que dieron forma y se integraron en la sociedad magallánica.
Esta etapa actual de mundialización o globalización sin emnbargo, a diferencia de los procesos anteriores, contiene nuevos desafíos para nuestra identidad regional: al diluirse las fronteras reales y virtuales, sentimos más amenazados nuestros valores regionales, recibimos un bombardeo más intenso de ofertas culturales (imágenes, productos y valores), de manera que las generaciones jóvenes del presente pueden resultar menos proclives a valorar lo nuestro, lo regional, frente al mayor atractivo relativo, que ejercen los productos culturales extranjeros.


Pero, al mismo tiempo se nos presentan los dilemas de la modernidad. Somos parte de una sociedad que se encuentra en pleno proceso de transición desde una cultura tradicional hacia una cultura con rasgos modernos, y la percepción más profunda y generalizada de esta mutación profunda es que somos incapaces de comprender totalmente la trayectoria y el contenido de los cambios que estamos experimentando.
A través de la historia regional, diversos consensos forman parte de nuestra manera regional de ver a la zona.
Uno de ellos, es el sentido territorial profundo que nos une: nos sentimos parte de un espacio geográfico lejano y aislado del centro del país. De aquí emana un segundo consenso: compartimos una visión regionalista de nuestro pasado, nuestro estado actual y nuestro futuro.


Entre los consensos mayores que comienzan a instalarse entre los magallánicos, acaso éste es el más reciente: la necesidad y la perspectiva de alcanzar la modernidad, de ser una región moderna, como una condición deseable, como un modo de vida que garantice las mejores oportunidades y un nivel de calidad de vida cada vez más satisfactorio, para todos los habitantes del país y de la región.
Resulta evidente hasta hoy, que las modernizaciónes han traído un cierto progreso material visible, pero también han acentuado y profundizado las diferencias sociales, han abierto más la brecha económica y demográfica entre la capital regional y las demás comunas y provincias, y han generado nuevas formas de exclusión social y cultural.
Todos desean la modernidad, pero las diferencias y sesgos se producen al momento de definir qué tipo de sociedad moderna queremos alcanzar, qué sociedad moderna estamos construyendo, y sobre todo, cuáles son los costos humanos, culturales y ambientales que deberá pagar el país y la región, para llegar a la condición de modernos.


Entendemos que todo proceso de desarrollo que apunte hacia la modernidad, cualquiera sea el signo de ésta, implica esfuerzos, sacrificios y costos, los que se suman a las particulares condiciones geográficas y de estructura económica y productiva de la región de Magallanes. Por lo tanto, es altamente probable que el largo paso de Magallanes a la modernidad, se vea acompañado de mutaciones sociales, económicas y culturales más difíciles que el de otras regiones del país.
La modernización en curso es una tendencia profunda del desarrollo nacional y regional, que se ha instalado en nuestras vidas en forma permanente y por muchos decenios, y por lo tanto, los ciudadanos, los grupos organizados, los actores políticos, sociales y económicos regionales sienten la necesidad de interrogarse legítimamente, sobre el tipo de región que va a resultar de ella.


Es necesario subrayar y advertir que las formas de sociabilidad, estilos de vida y costumbres individuales y colectivas que caracterizaban en forma tradicional a la comunidad magallánica, están siendo impactadas y resultarán gradual y profundamente transformadas, por la incorporación de valores, estilos y formas de trabajo típicamente modernas.
Nuestros problemas actuales y los problemas que enfrentaremos como región en el futuro previsible, son y serán los problemas de la modernidad: creciente individualismo en las aspiraciones y formas de pensar y de actuar; pérdida y búsqueda del sentido de las vidas; descrédito y despolitización relativa de la ciudadanía; debilitamiento y pérdida de convocatoria de las organizaciones sociales tradicionales; orientación hacia el éxito personal medido en bienes materiales; consumismo; relativismo moral...


Un tercer orden de dilemas, proviene de la crisis del Estado-nación. Nuestra cultura regional se ha alimentado en este casi siglo y medio de historia regional moderna (1843-2000), de un regionalismo anti-centralista y, al mismo tiempo, la emergencia de las tendencias regionales y regionalistas constituye un rasgo distintivo del fin de siglo y de los inicios del siglo XXI.
Pero también se nos presenta el dilema de nuestra propia condición cultural, de nuestra propia identidad como región, dentro del contexto patagónico y nacional al cual pertenecemos. Somos parte de la Patagonia y de la nación chilena, pero definirnos sólo en función de esas entidades, sería definirnos en función de razones externas, exteriores a nuestra propia condición de seres humanos de la región y de la provincia.
Por lo tanto, una primera vía de aproximación para reflexionar nuestra identidad, podría ser la de interrogarnos por nuestra condición geográfica y las formas como nosotros aprehendemos esa geografía.
Como la mayoría de las regiones fronterizas, los magallánicos y nuestra región nos constituímos en un espacio geográfico y cultural de síntesis. Síntesis de aportes culturales diversos: europeos, chilotes y chilenos de la zona central. Síntesis de imaginarios geográficos distintos: somos patagónicos, somos provincianos y somos sureños.


Magallanes:
territorios e identidades


Hay una estrecha asociación entre el desarrollo, la identidad y el crecimiento de la comunidad con el aspecto espacial o geográfico de su existencia.


De está relación nace un producto que se va constituyendo en base a las experiencias de la población con las posibilidades y oportunidades que le brinda su territorio de asentamiento, este producto es la identidad, o dicho de otra manera su identificación con un espacio determinado.
La comunidad se "enfrenta" con el territorio de modo de extraer recursos para su sobrevivencia. La zona geográfica delimitada, las posibilidades y alternativas varían de región en región, aspectos esenciales que limitan o potencian el desarrollo de la comunidad, la cual desarrolla estrategias, técnicas, conocimientos y en definitiva experiencias que definen la historia de la misma.


La historia comunitaria –en cuanto parte constitutiva de la historia regional y nacional- es el proceso de construcción de sí misma y en esta dinámica desarrolla autoconsciencia de cuáles son los aspectos que la definen. Es decir, se conforma en la evolución de sus vivencias como grupo, una identidad.
Dentro de diferentes ámbitos de las Ciencias Sociales la definición de comunidad, de región o de localidad hace referencia a sus características físicas o territoriales.
Cuando hablamos de lo regional o lo local, nos estamos refiriendo a un espacio, a una superficie territorial de dimensiones razonables para el desarrollo de la vida, con una identidad que lo distingue de otros espacios y de otros territorios y en el cual las personas realizan su vida cotidiana: habitan, se relacionan, trabajan, comparten normas, valores, costumbres y representaciones simbólicas, en síntesis el lugar percibido como propio donde nacen, viven y mueren.


El espacio regional y local, debe ser comprendido como un territorio de identidad y de solidaridad, como un escenario material y simbólico de reconocimiento cultural y de intersubjetividad, en tanto lugar de representaciones y de prácticas cotidianas.
El territorio es una variable muy trascendente en la definición de la identidad regional y/o local, aunque no es la única variable. Diferentes estudios sobre la definición de la comunidad regional o local, permiten afirmar que los siguientes son los factores básicos que la constituyen: 1) la localización geográfica; 2) la estabilidad temporal; 3) el conjunto de instalaciones, tecnologías, servicios, recursos naturales y y recursos materiales disponibles; 4) la estructura y los sistemas sociales y 5) el estilo de vida en cuanto componente de carácter identificatorio y relacional.
La identidad es siempre identidad cultural, la cual se desarrollará así como una ideología unificadora del grupo social frente a otros. Esto implica que la lengua, la tradición histórica, la raza, el territorio y otros elementos adquieren el carácter de símbolos distintivos de la identidad y se convierten en valores sociales cuya reproducción se propicia y se defiende.

La identidad se construye en un cierto ámbito físico, tiene lugar en una geografía, y la constitución de esta identidad se acompaña de un proceso de territorialización.
Complementario y paralelo a la conformación de la cultura de una comunidad, es el proceso de territorialización.


Entendemos como territorialización al proceso mediante el cual un grupo humano transforma un espacio geográfico en un territorio suyo y distintivo. Esta es la forma cómo los seres humanos inscriben su existencia individual y colectiva en la geografía que los sustenta.
En el curso de este proceso de territorialización, es decir, de conquista material y simbólica de un determinado espacio geográfico, se va configurando la cultura y la identidad del grupo humano: el conglomerado se convierte en grupo, el grupo se transforma en una comunidad, cohesionada gradualmente por las experiencias colectivas comunes.
Al apropiarse de un lugar físico, el grupo humano hace su propia historia, va creando sus propios mitos, sus leyendas, sus tradiciones, va depositando en su memoria y en su subconsciente colectivo un patrimonio de valores y tradiciones, con los cuales las sucesivas generaciones de descendientes se continuarán identificando.
En algún momento, el individuo se piensa a sí mismo, en términos de geografía, es decir, en términos de lugares, de tierra y de mar.


El proceso de territorialización es entonces, a la vez, material y simbólico. Material en el sentido de dominar la geografía, de apropiarse de ella, de controlarla, de ejercer en ella el poder, el dominio y las distintas formas de soberanía. Simbólico en el sentido de ir depositando en el subconsciente colectivo, en la memoria colectiva, los hechos históricos fundantes y fundamentales, los acontecimientos relevantes y decisivos, los hitos que marcan una trayectoria común y compartida en el tiempo.
Es importante subrayar por otra parte, que la territorialización se produce tanto sobre los espacios geográficos terrestres, como sobre los espacios marítimos, en la medida en que éstos forman parte de la misma unidad geográfica y se integran bajo una misma unidad política.
Ahora bien, ¿cuáles son los atributos geográficos de nuestra identidad? Sin lugar a dudas que están inscritos en nuestro imaginario colectivo e individual el viento, el frío y la pampa.
Estos atributos terrestres parecen contradecirse con la condición marítima de nuestra geografía y de nuestra evolución histórica.


La Historia de Magallanes comienza en el mar.


Hay en la evolución histórica de la comunidad magallánica, una profunda asociación simbólica y material entre el habitante y los espacios marítimos: por el mar se llegaba a Magallanes, por el mar se descubrió el Estrecho, por el mar se ocuparon el Estrecho y las extensas pampas, por el mar llegaban los colonos y los inmigrantes, desde el mar llegaban los productos, las noticias y la riqueza.


En el caso de Magallanes, la identidad cultural que caracteriza a este grupo humano, está conformada por todas aquellas tradiciones, costumbres y valores que se asocian a su pertenencia al territorio austral y patagónico, y a una historia común que se entronca con las diferentes culturas aborígenes, previas a la llegada de españoles y chilenos y con el acto fundacional de la Toma de Posesión del Estrecho en 1843.
Las culturas originarias del territorio magallánico, "vivieron" y transitaron por las pampas y los canales sin una intención de apropiación ni de poblamiento.


Ni los selknam ni los tehuelches o aonikenk, pretendieron dominar las estepas patagónicas, pero con su continua transhumancia fueron identificandose con estos espacios abiertos, sintiendolos suyos, viviendo de sus productos naturales y de la caza. El nomadismo terrestre de estas culturas cazadoras, los vinculó estrechamente con un conocimiento profundo y ancestral de la tierra fueguina y patagónica.
Del mismo modo, las culturas originarias marítimas (los yaganes o yámanas, y los alacalufes o kawaskar) constituyeron comunidades de nómadas a través del mar, a través de los canales australes, sin la menor intención de apropiación o poder.
Hay un nomadismo característico en todas las culturas aborígenes de la región magallánica.
A su vez, la llegada de los chilenos a la Patagonia, y la gradual ocupación del territorio hasta constituir su ekumene principal, significó la instalación de una cultura con vocación colonizadora y dominante: los nuevos colonos llegaron respondiendo a una clara intención política y geopolítica del Estado de Chile, para ejercer pleno dominio y soberanía sobre el espacio geográfico y marítimo patagónico.


Los primeros pasos de la Colonia de Magallanes dieron forma a una economía incipiente, muy vinculada a la extracción de ciertos recursos naturales que el propio territorio ofrecía: pesca, carbón, maderas
La cultura magallánica se fue construyendo, desde los últimos decenios del siglo XIX, en un largo y lento esfuerzo de descubrimiento, poblamiento, apropiación y dominio del espacio geográfico patagónico, de manera que los mares, canales, espacios oceánicos y las estepas australes, fueron dominados con el paso del tiempo, en un proceso que aún no concluye.
Por esto, en la identidad cultural magallánica hay un fuerte componente territorial, espacial, geográfico. Sin perjuicio de los duros avatares de la Historia regional (repleta de momentos de progreso y trabajo, y de dramas colectivos), esta experiencia colectiva se asienta muy firmemente en un orgullo de pertenencia al sur, en una identificación subjetiva, simbólica entre la experiencia de vivir en la región y las dificultades propias de una geografía inhóspita y un clima hostil y riguroso.
La ganadería inscribe al hombre en la pampa, la pesca inscribe al pescador en los mares y canales, la explotación petrolera inscribe al trabajador a las profundidades de la tierra, el turismo es una forma transitoria de conocer y valorar el territorio.


Vivir en Magallanes o pasar por la región, son descritos y percibidos como una experiencia extrema, como una especie de desafío, de aventura y/o de confrontación permanente con las inclemencias del tiempo y lo bizarro del ambiente geográfico.
En esta permanente confrontación del Hombre con la Naturaleza, se va construyendo la identidad cultural de los magallánicos.


Hay que entender, finalmente, que así como existe una chilenidad que nos caracteriza y distingue desde el punto de vista de la nacionalidad a la que pertenecemos, también puede hablarse de una magallaneidad que es una manera específica, particular, regional de vivir la chilenidad, en la región más austral del territorio de Chile.
Desde una perspectiva geográfica, la Historia de Magallanes se construye desde el mar y se asienta gradualmente en la costa y en la pampa patagónica.


Hay entonces, una condición marítima y oceánica propia de la región, que proviene de su geografía y que influye su evolución histórica: el mar es el punto de inicio de la Historia de la región de Magallanes, y es el ámbito determinante de su economía.
Pero, además, somos orgullosos de nuestra geografía difícil.
Nuestro imaginario cultural e identitario está fuertemente marcado por nuestra geografía, nuestro clima y por nuestra posición extrema y austral del continente y del mundo.
En síntesis, como dice Elisée Reclus, "la historia es la geografía en el tiempo y la geografía es la historia en el espacio".
Hemos sido percibidos históricamente como región lejana, distante, inhóspita. Somos el sur del sur, y nos sentimos en el fin del mundo. La asociación mental "Patagonia – Estrecho de Magallanes – Cabo de Hornos" evoca y ha evocado siempre la lejanía, lo desconocido, lo remoto y el frío.
Poco se ha reflexionado en torno a la insularidad que caracteriza al modo de ser y de pensar del magallánico. Somos individuos insulares, isleños, traemos la impronta de gente que vivía en islas (los chilotes del sur y los dálmatas de la costa adriática) y que por lo tanto, tienden al aislamiento, casi al ensimismamiento.
No solo estamos lejos del centro de Chile y del resto del mundo; además, y esto nos parece lo más relevante, mentalmente estamos lejos.


El modo de vida magallánico
frente a la geografía


El modo de vida de los magallánicos aparece fuertemente vinculado a las condiciones geográficas y climáticas del territorio.
El hecho de vivir en una región alejada y extrema del territorio nacional, impone a los magallánicos una condición diferente y diferenciadora. La geografía regional genera en sus habitantes un cierto modo de vida doméstico, intra-muros, con un fuerte apego familiar. La cotidianeidad magallánica es una vida esencialmente doméstica, hogareña y familiar centrada en la cocina y en la sala de estar, lo que subraya la importancia gravitante de la mujer como centro de la vida familiar.
Nuestras viviendas y su particular estilo constructivo, subrayan esta relación estrecha con el clima y la geografía.


El magallánico subraya su permanente confrontación con el clima y la geografía. Por lo tanto, está anímicamente preparado para soportar un invierno prolongado y riguroso: por eso también, Magallanes es la única región de Chile donde "se celebra el invierno".
El invierno es la estación del año más importante dentro de la imaginación colectiva y cultural de los magallánicos. De este modo también, el viento, el frío, la escarcha y la nieve, son "datos geográficos" incorporados en el subconsciente individual y colectivo de los habitantes de la región.
Finalmente aquí, hay que destacar dos fenómenos notables, sobre el modo de vida de la región y su relación con las condiciones geográfico-climáticas.
El primero, los magallánicos viven a un ritmo más lento y pausado que el ritmo de la vida urbana de otras regiones o de la capital. Esto produce la impresión en el visitante, de que los acontecimientos suceden más lentamente, de que simplemente "aquí no sucede nada". El trabajo, las actividades familiares, la vida cotidiana, los eventos sociales, todo ocurre con un reloj más lento, con horarios más flexibles e imprecisos, a ritmos más pausados y cansinos. ¿Se debe esto a un ritmo de vida que es impuesto por un clima riguroso y frío, o por una geografía de grandes distancias?


Lo segundo, es que los magallánicos –en general- son poco expresivos, parcos en palabras, poco expansivos en sus formas de comunicación interpersonal. ¿Esto se explica porque el frío no permite largas conversaciones ni una sociabilidad muy expresiva?


Consideraciones
sobre el folklore magallánico


Una primera afirmación que debe subrayarse es que existe un folklore magallánico.
El hecho que ésta región sea un territorio de encuentro, no impide, sino que explica que, después de más de un siglo de historia común se haya ido configurando un conjunto de tradiciones y costumbres características y distintas, que forman un folklore sureño, patagónico, austral.


Es importante considerar que en el campo magallánico se conservan numerosas tradiciones provenientes del aporte chilote, patagónico e incluso británico. Comidas, vestimentas, habla vernácula, estilos de trabajo, tradiciones musicales, todo en las estancias, cooperativas y puestos, refleja y traduce una triple influencia chilota, inglesa y argentina.
En el campo magallánico todavía perduran costumbres tradicionales típicamente patagónicas: las cuadrilla de arrieros; el manejo de los piños de ovejas mediante perros y códigos de silbidos; las comparsas de ovejeros, esquiladores, velloneros y otros obreros de temporada; el arte de montar y el dominio del caballo; el jarro de choca o de café carretero, y los porotos con chuleta de cordero; las faenas típicas de la parición, la marca, la esquila y la esquila de ojos, el baño y el encaste; el asado de cordero condimentado con "chimichurri"; el vino tomado en jarro o en bota; la marcada preferencia de los ovejeros y del hombre de campo y de pueblo en general por las rancheras mejicanas; la vestimenta de botas de cuero, pantalón bombacha, faja de cintura, casaca de cuero o mezclilla, bufanda y sombrero alón o boina.
La imagen de una cuadrilla de arrieros con sus perros y un gran piño de ovejas, en medio de una pampa abierta y desolada, refleja este mundo rural magallánico, tradicional y silencioso, donde el ovejero y su caballo son el corazón de la ganadería, y el hombre parece aferrarse a la tierra como coirón frente al viento.


Nuestro folklore es de la pampa, de las estepas desoladas, del viento, la nieve y el frío: una serie de tradiciones semi-rurales trasplantadas a la ciudad.
Por ejemplo, mientras algunos personajes y mitos típicos del folklore regional, se asocian estrechamente con la geografía regional y su ruralidad: el ovejero, el obrero del petróleo, el pescador, o la Leyenda del Calafate, otros personajes y leyendas son claramente urbanos: la Viuda Negra, el Palacio Sara Braun, el Cerro de la Cruz, el Tesoro de Cambiazo, el Río de la Mano, el dedo del Indio Patagón.


Pero, la figura del ovejero (un trabajador que tiene monumento en Magallanes, al igual que el obrero del petróleo) resulta cada vez más contradictoria y casi anacrónica, con respecto a la evolución predominantemente urbana de nuestra cultura regional.


A nivel de ciertas manifestaciones folklóricas como la música, el arte culinario y el habla popular, por ejemplo, el folklore magallánico es tributario de dos influencias: el aporte cultural del que es portadora la inmigración chilota; y la contribución de la cultura patagónica argentina, transmitida también por los constantes movimientos migratorios de los chilotes a través de ambos países.
Aún no se ha hecho un reconocimiento histórico y cultural suficiente, al aporte de la cultura chilote a la identidad magallánica. Subsiste en ciertos sectores de la sociedad magallánica una visión y una actitud peyorativa respecto a los chilotes. ¿Es este un clasismo elitista de orígen extranjero o es un etnocentrismo propiamente chileno?
La cultura magallánica y el propio desarrollo regional, como se examina a continuación, ha sido el resultado de la integración y del esfuerzo de croatas, dálmatas, italianos, españoles, ingleses, alemanes y otros europeos más el trabajo de los chilotes.


Los chilotes se convierten así en el grupo portador y migratorio más importante y masivo a través de la Patagonia chilena y argentina, en la transmisión de costumbres y tradiciones y en su fusión en una identidad cultural diferente.
A su vez, la dieta magallánica, constituída sobre la base de una integración de aportes culturales diversos, constituye un aspecto de la identidad cultural que se asocia estrechamente con las condiciones geográficas y climáticas de la zona.


Hay un evidente predominio de los platos calientes sobre los fríos, así también como el lugar central que ocupan las carnes en el arte culinario regional. Se supone que el aporte proteínico y calorífico de la dieta debe asegurar la temperatura frente al frío dominante. En Magallanes se integran cuatro aportes culturales culinarios distintos:
el arte culinario chilote;
algunos elementos de la cocina inglesa;
el arte culinario de la zona central de Chile; y
el arte culinario croata y dálmata.


Los valores esenciales
de la identidad cultural magallánica


Se proponen aquí cuatro conceptos para definir los rasgos esenciales de la identidad cultural de los magallánicos.


Un concepto pionero
de la vida y del progreso


La noción de pionero forma parte de la tradición histórica y cultural en Magallanes. Los magallánicos gustan de denominar como pioneros a los primeros colonizadores y aventureros que llegaron a estas lejanas tierras, donde se forjaron grandes fortunas.
La idea de "pionero" evoca a aquel individuo que es el primero en iniciar alguna actividad notable.
El magallánico sabe que para surgir debe enfrentarse a adversidades: contra la naturaleza difícil, contra un clima inhóspito, contra el centralismo agobiante, pero al mismo tiempo, se sabe instalado en una región cuyos recursos naturales y potencialidades de desarrollo requieren precisamente de esfuerzos pioneros.
La vida es un constante trabajo de pioneros, de gente de esfuerzo y sacrificio. Nada es fácil, todo es fruto de largos años de perseverancia.


Lucha y adaptación
frente a la adversidad geográfica


El magallánico se sabe hombre del sur, provinciano instalado en el extremo austral del país. Frente al clima y a la geografía inhóspitos, el habitante se adapta, se prepara anímicamente para enfrentar a la Naturaleza en un desafío permanente.
El magallánico se enfrenta con sus mejores medios materiales y psicológicos posibles al clima, a la lejanía, al aislamiento, a la soledad, al lugar geográfico que ha elegido como suyo.
Clima y ser humano están en una lucha permanente.


Hospitalidad
y acogida al viajero
y al extranjero


Los magallánicos reconocen e intuyen que por encontrarse en el fin del mundo habitado, en la región más austral del planeta, llegar hasta la zona es un largo y difícil viaje. Por eso traslucen en su conducta cotidiana un sentido natural de acogida, una hospitalidad cálida y sureña que los distingue: el viajero es recibido en un hogar cálido, en una cocina acogedora, en una casa resistente al viento y al frío.
Todo el que llega por primera vez a Magallanes, siente y percibe en el aire esa calidez espontánea y hospitalaria que se esconde en el trato habitual de sus habitantes.
Por eso también, el extranjero que llega a avecindarse a Magallanes, es bien recibido y puede integrarse con relativa facilidad, a excepción que su propia cultura de orígen lo induzca a no integrarse.


Integración
y síntesis de culturas


La cultura magallánica es básicamente una cultura de síntesis, de encuentro, de integración, en la medida en que en ella se encuentran aportes culturales y humanos provenientes de Chiloé, de España, de las culturas dálmata y croata, de Gran Bretaña, etc.
Luego, los magallánicos responden a una sociabilidad básica que no solo les permite aceptar algunas culturas distintas, sino que de saber integrarlas y asumirlas. Si la cultura chilena es una cultura de mestizaje (producto del encuentro y el conflicto entre españoles e indígenas originarios), la cultura magallánica es el resultado de la integración en un fondo común, de ciertos aportes europeos y del aporte cultural chilote.


Identidad e historia:
Magallanes y la Patagonia
pensados desde el pasado


¿Qué nos dice la historia frente al panorama de nuestra cultura regional?
¿Qué nos enseña la Historia frente al futuro de nuestra cultura regional?
La totalidad de los actores regionales, coinciden desde hace largos decenios que el desarrollo de Magallanes no puede ser entendido ni concebido con los mismos parámetros que el resto de las regiones de Chile.
Somos diferentes y queremos ser tratados en forma diferente y justa.
Resulta interesante observar que el conjunto del desarrollo histórico de la región de Magallanes, desde la Toma de Posesión del Estrecho, ha girado a través del tiempo en torno a un recurso natural y productivo, formando períodos largos períodos, marcados por su predominio: la época del carbón (en la etapa fundacional), la época del comercio y la navegación (entre 1880 y 1920 aproximadamente), de la lana y la ganadería (entre 1920 y 1950), la época del petróleo (desde 1950 hasta hoy...).
A su vez, la crisis de cada uno de esos recursos, fueron el rasgo determinante de la decadencia económica relativa y de la búsqueda de nuevos recursos que dieran dinamismo al progreso de la zona.


Tres son a nuestro juicio, los factores que determinan la características distintivas del desarrollo histórico de Magallanes:
la importancia estratégica, geopolítica y oceanopolítica que se le aribuye a la región de Magallanes, por su condición extrema y fronteriza, por su proximidad con el territorio antártico, por sus fragilidades demográficas en cuanto frontera interior, y por su privilegiada posición bioceánica;
la característica pionera y colonizadora de su desarrollo económico fundacional, lo que determina su estructura productiva, sus modalidades de inversión y de poblamiento, todo lo cual produce un modo de desarrollo diferente al del resto del país; y
la naturaleza específica de la identidad cultural magallánica, afirmada en un fuerte sentimiento regionalista, en el rechazo a los centralismos, en una apertura a la diversidad de aportes culturales y a una actitud pionera frente a la vida y al progreso.


La construcción histórica
del espacio magallánico:
las etapas del desarrollo regional


En cada uno de los períodos señalados para nuestra historia económica regional, el rol y gravitación del Estado y las Políticas Públicas han sido determinantes para el progreso de la región.
Esto no quiere decir que el la empresa privada no haya desempeñado una función activa y creadora. Por el contrario, el espíritu pionero que ha caracterizado históricamente a los magallánicos, se origina básicamente en una poderosa corriente de iniciativas y empuje privado, de forjadores de empresas, de creación de trabajo y de riquezas.


Lo esencial, sin embargo, es que los elementos y factores determinantes que han hecho posible el desarrollo actual de Magallanes e incluso el desarrollo de la empresa privada, han dependido fundamentalmente del rol activo, orientador e incluso planificador del Estado.


Fue el Estado el que creó en Magallanes sobre todo durante el siglo XX, la infraestructura material que ha hecho posible el desarrollo actual de la región: construyó redes de caminos y de puentes; extrajo petróleo y gas y dio orígen a la industria petrolera nacional; instaló puertos y desarrolló astilleros; pavimentó veredas y calles; levantó edificaciones públicas y construyó numerosas poblaciones de viviendas sociales; puso en funcionamiento los sistemas de educación básica, media y universitaria; vinculó a la región con el resto de Chile y el mundo, mediante la telefonía, el correo y la televisión directa; fundó nuevas localidades urbanas; mantuvo las rutas marítimas de comunicación, con las zonas más apartadas de nuestra geografía; abrió las rutas hacia la Antártica y los mares australes; construyó aeropuertos, escuelas, liceos, hospitales y policlínicos; tendió vastas redes de gas natural en toda la región, para todas las viviendas; abrió las rutas de conexión aérea con el resto del país y del mundo; realizó toda la electrificación urbana y rural.
Pero lo que construyó el Estado en el siglo XX, lo hizo sobre el esfuerzo privado del siglo XIX, sobre todo después de 1880.
El Estado en el presente y en el futuro de Magallanes, no podrá ser un actor indiferente, mutilado o subsidiario de las iniciativas privadas. En Magallanes no habrá desarrollo estable y sustentable, sin un Estado activo, dinamizador, orientador de los esfuerzos individuales, colectivos y empresariales.
Desde un punto de vista histórico, el desarrollo de Magallanes parece haber seguido las siguientes grandes etapas o fases de evolución:
una primera etapa de colonización inducida y una economía de subsistencia, entre 1843 y 1880;
una etapa pionera o de una "economía ganadera de exportación", entre 1880 y 1950 aproximadamente, al interior de la cual se manifestó una etapa de crisis prolongadas, entre 1918 y 1949;
una etapa de desarrollo basado en la producción petrolera, entre 1950 y 1980; y
una etapa de desarrollo articulado en torno a los servicios y el comercio, desde 1980 hasta el presente.
Cada una de estas etapas del desarrollo regional estuvo profundamente relacionada con una forma de cultura local y regional.


Así como en la etapa pionera o de la "economía ganadera de exportación" (), se constituyó una fuerte cultura campesina y ganadera en torno a la figura del estanciero y el trabajador ovejero, cuyos restos aún perduran entre nosotros, en la etapa del desarrollo basado en la explotación petrolera (1950-1980), parecen haberse configurado incipientemente ciertos rasgos de "cultura petrolera".
La cultura regional desde el punto de vista histórico, atravesó así desde una etapa de evolución centrada en la vida rural y ganadera (entre 1868 y 1950) a una etapa de evolución centrada en la ciudad o de "cultura urbana".
La cultura magallánica actual está profundamente marcada por esta condición urbana, lo que trae consigo nuevas interrogaciones acerca de los aportes que las distintas localidades contribuyen a esa identidad cultural: subyace entre nosotros todavía el dilema identitario "capital-provincias", de manera que los natalinos se quejan del "centralismo puntarenense" e intentan afirmar sus propios rasgos de cultura local natalina, mientras los habitantes de la capital regional parecen complacerse en su posición central y dominante incluso en la definición de "lo magallánico".


Notas sobre
el regionalismo magallánico


Toda pertenencia regional supone alguna forma de regionalismo.


Naturalmente, los magallánicos son y han sido regionalistas. Se trata de un sentimiento extendido, colectivo que se afirma en una pertenencia territorial, similar al que identifica a los grupos regionales y locales de otras zonas de la Nación.


Para los efectos de este ensayo, definimos el regionalismo como un sentimiento colectivo de pertenencia cultural y territorial asociada a un espacio regional. La idea regional históricamente se funde dentro de la idea nacional, pero la Nación nunca ha logrado borrar ni hacer olvidar los sentimientos regionalistas. El regionalismo siempre es una expresión de la identidad de los habitantes de una región, directamente asociada con su pertenencia a un territorio.
Al analizar la Historia de la Nación chilena, especialmente en su período inicial de conformación (fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX), se puede percibir claramente que los regionalismos (aún en sus formas y manifestaciones incipientes) son anteriores en Chile al sentimiento nacional: penquistas, coquimbanos, porteños y santiaguinos, se sentían más apegados a su condición regional que a su pertenencia nacional, muy especialmente en el período inmediatamente posterior a la Independencia.


No obstante ello, resulta evidente que las historias regionales no han logrado un lugar suficiente en las historias de la nación: la Historia de Chile continúa siendo, a dos siglos de evolución independiente, historia metropolitana, es decir historia centrada, ordenada, pensada y escrita en y desde la capital nacional, apareciendo las historias regionales como parciales, subsidiarias y complementarias.
A su vez, la toma de posesión de Magallanes (a mediados del siglo XIX), forma parte de la etapa final de conformación del territorio nacional, proceso en el que se fue produciendo un lento mestizaje, entre el aporte cultural del sustrato chilote y los sucesivos aportes europeos (croatas, ingleses, españoles, etc.).
Magallanes es entonces –desde sus orígenes históricos modernos- un territorio de inmigración, por lo que su identidad regionalista surgió cuando ya la sociedad magallánica estaba constituída y arraigada, y alcanzaba rasgos de creciente complejidad y cuando se comenzó a tomar conciencia de la actitud con que la región era percibida desde la capital nacional. Magallanes es territorio de inmigrantes y por lo tanto, es una cultura regional de síntesis.
Desde el punto de vista histórico, en consecuencia, el regionalismo magallánico se formó de un modo tardío (aproximadamente desde las primeras décadas del siglo XX)
No cabe dudas que el regionalismo magallánico es –al mismo tiempo- afirmación de una identidad y una condición geográfica diferente y propia, y rechazo al centralismo capitalino.


Los magallánicos son regionalistas, de un modo distinto a los regionalismos de otras regiones de Chile. Puede decirse que éste es un regionalismo extremo: estamos lejos y nos sentimos abandonados; nos sentimos diferentes y chilenos, pero nos sentimos tratados como chilenos de segunda categoría. Estamos en presencia de una especie de patriotismo regionalista: los magallánicos se sienten chilenos (aunque hayan pasado por un período de aspiraciones autonomistas), pero su chilenidad es más fuerte y más exigente, que la de otras regiones del país.
A través de la historia regional, el regionalismo magallánico ha ido evolucionando. Resulta interesante observar que en una de las regiones más regionalistas de Chile, no está escrita todavía la historia del regionalismo magallánico.
Hay un "primer tiempo" de nuestro regionalismo, marcado por las tendencias que surgieron en los primeros treinta años del siglo XX como una manifestación de rechazo al centralismo santiaguino, en un período en que entraron en crisis la economía ganadera y el comercio naviero asociado a ésta.
Era aquel un regionalismo pionero, marcado por la evidencia de los frutos del esfuerzo tesonero realizado por las primeras generaciones de emprendedores y trabajadores que, desde 1868 en adelante, habían forjado la riqueza, la expansión del ecúmene y la autonomía del desarrollo económico del Territorio.
Hay un "segundo momento" del regionalismo, hacia los años cincuenta del siglo XX, en plena mutación de la economía regional desde la ganadería extensiva hacia la explotación del petróleo, momento en el cual también se acentúa la urbanización de la población y en el que el Estado, impregnado de una visión geopolítica de la Patagonia chilena, se inserta aun más en Magallanes con mayor inversión, mayores atribuciones y mayor presencia funcionaria y militar.


Era aquel un regionalismo político, marcado por la evidencia de los avances del Estado central sobre los recursos y la riqueza de Magallanes; un regionalismo decepcionado y crítico frente al centralismo, con una percepción de olvido de las regiones extremas y agobiado por las sucesivas crisis que pusieron término a la época de oro de la ganadería (1918, 1929-1933, 1939-1945), y que significaron el colapso de la explotación carbonífera y de la industria frigorífica.
Durante esta segunda época del regionalismo, se constituyeron diversas organizaciones sociales y un partido político regionalista, y algunos de sus líderes pensaron en la perspectiva federalista...


Es posible afirmar que las distintas etapas de auge del sentimiento regionalista magallánico, se vinculan estrechamente a los grandes momentos de crisis de la economía regional: algo así como que los magallánicos sacan a relucir su regionalismo cuando están en grandes dificultades económicas.


¿Estamos todavía en la segunda época de nuestro regionalismo, o seremos capaces de pasar a una tercera época? ¿Seremos capaces de construir una idea regionalista, asentada sobre la base de movimientos y expresiones regionalistas de todo tipo y que expresen un concepto y un proyecto coherente de región hacia el futuro, más que una queja nostálgica de un pasado que no volverá?
Resulta evidente que hoy la región carece de líderes regionalistas capaces de concitar en torno suyo la suficiente y amplia legitimidad que requieren los desafíos del futuro.
Somos diferentes, nos sentimos diferentes y exigimos que se nos trate de un modo diferente. Esta diferenciación toca tanto a la propia autopercepción que los magallánicos tienen de sí mismos como comunidad regional, como a la idea que se hacen de la necesidad de que los poderes centrales del Estado consideren a Magallanes como una entidad regional diferente del resto del país.


¿Será nuestro regionalismo, también, un localismo puntarenense?
No puede negarse que al interior de la identidad cultural de los magallánicos, hay que distinguir hoy, el localismo puntarenense (con sus rasgos de predominio y hegemonía), frente a los localismos natalino y porvenireño o fueguino.
Es evidente además, que los magallánicos somos provincianos. Provincianos no solamente porque vivimos en una provincia –además alejada y extrema- del territorio nacional, sino sobre todo provincianos en el más profundo sentido metafórico y cultural del término.
Provincianos por el ritmo de vida y de actividades; provincianos por su manera de ver al capitalino; provincianos por su estrecho apego a las costumbres propias...


Aproximaciones
al concepto pionero


El desarrollo y la historia regional se han construído sobre la base de la idea pionera.
Magallanes, tierra de pioneros y aventureros...
A decir verdad, Magallanes puede ser descrito como un vasto territorio formado gracias al trabajo de muchos pioneros. La historia regional ha subrayado suficientemente la característica pionera de muchos magallánicos de orígen o de adopción, como un rasgo que se encuentra en sus habitantes tanto por su manera de enfrentar las adversidades climáticas y geográficas, como en su voluntad de emprender, de perseverar y de progresar.


En realidad, este ha sido siempre un territorio cuya geografía y cuyo clima parecen hechos para personas fuertes, duras y perseverantes. Nunca ha sido fácil vivir en Magallanes, y por eso llegaron a éstas pampas desoladas, emigrantes de los más lejanos rincones del mundo, de recia voluntad trabajadora, atraídos por los grandes mitos de la Patagonia: la lejanía del fin del mundo, las pampas australes, el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos. Posiblemente el naturalista Charles Darwin, con sus afirmaciones rotundas sobre la Patagonia, contribuyó en parte a este mito, durante la segunda mitad del siglo XIX.
Magallanes fue -no es innecesario subrayarlo- fundado inicialmente por emigrantes chilotes, que eran a su vez, marinos, artesanos y agricultores. Desde 1843 y 1848 en adelante, y sobre todo, en el activo período de la implantación de la ganadería ovina en Magallanes, las sucesivas oleadas de migración chilota, constituyeron el trasfondo humano y social más importante en la formación de los movimientos sociales magallánicos, hasta fines del siglo XX, aún cuando en el campo sindical también se integraron con el aporte de líderes de procedencia o descendencia extranjera.


Aquí llegó primero el chilote, después el inglés o el portugués o el español y después el croata y el dálmata.
Aquí emigraron y se forjaron sus familias, en el lento transcurrir del tiempo. El obrero chilote y el obrero croata tenían mucho en común y a su vez, tenían profundas diferencias: ambos eran isleños, ya que provenían de territorios en forma de archipiélago, de islas semi-cerradas al contacto con el mundo, por lo que estaban imbuídos de fuertes tradiciones individualistas y familiares, de creencias religiosas y de mitos y leyendas; ambos provenían de mundos culturalmente rurales, es decir, ancestralmente apegados a la tierra. Pero ambos representaban dos lógicas distintas frente al dinero, frente al trabajo, frente al ahorro.
Por ello -hay que decirlo y reconocerlo- el chilote y el croata o el dálmata no se mezclaron, no constituyeron una síntesis de mestizaje como en otras regiones de Chile, guardando entre sí una notoria distancia cultural y humana. () Ello no les impidió trabajar juntos.


Las migraciones eslavas procedentes de Europa hay que asociarlas con los distintos momentos de crisis e incluso de guerras que ha vivido el viejo continente, mientras que las primera dos oleadas de migración chilota hacia Magallanes (sin contar con los procesos colonizadores desde 1843 en adelante), se produjeron entre 1894 y 1899, y a continuación se fueron produciendo lentos procesos de inmigración, radicación y poblamiento durante toda la primera mitad del siglo XX.


Pero la diferencia entre ambos (que se fue notando después de una o dos generaciones), y desde del punto de partida que les otorgó el espacio magallánico y patagónico, fue el distinto sentido del ahorro: el obrero chilote, trabajador y abnegado en su labor, podía gastar todo su salario de la temporada, en un fin de semana de juergas, en un curanto, un "pulmay" o un "reitimiento", mientras el obrero yugoeslavo (pensando aún en su lejana tierra) ahorraba metódicamente y juntaba centavo a centavo su dinero, y se privaba de todas las comodidades "burguesas", hasta hacerse de un pequeño capital.
No puede negarse que al cabo de una o dos generaciones, el chilote seguía siendo obrero (o lograba hacerse de una pequeña parcela: ¡el apego a la tierra una vez más!...), mientas el croata se instaló con su pequeño almacén de menestras o su carnicería, en un barrio de la ciudad.


Ambos mundos se encontraron inicialmente (había chilotes y "austríacos" (), por ejemplo, en los gremios de los años diez y entre los fundadores de la Federación Obrera), pero muy rara vez se mezclaron socialmente: chilotes y yugoeslavos no se casaban entre sí (cortejar a una chilota o "chilena" era mal visto en la comunidad croata y viceversa...) sino que sólo se tejieron nuevas familias dentro de su propio universo social de pertenencia.
Como producto de esta gradual diferenciación social y económica, ya hacia los años treinta y cuarenta, los inmigrantes de nacionalidades europeas abandonaron el mundo sindical (sólo volvieron al sindicato los hijos o los nietos de los primeros inmigrantes) y los obreros chilotes fueron predominantes en número dentro de las organizaciones.
Este territorio fue desde sus inicios, y sobre todo durante la ultima mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, un espacio abierto a las voluntades fuertes y pioneras.


En este sentido, aquí cabría ampliar el concepto usual de "pionero".
Magallanes lleva el sello mítico y real, de haber sido una tierra forjada por pioneros, por gente osada que abrió caminos y horizontes, que emprendió proyectos y que con su trabajo, fueron los primeros en su actividad: así sin duda, fueron pioneros los comerciantes, industriales y empresarios chilenos y extranjeros de todo tipo y nacionalidad, que emigraron en busca de nuevos horizontes, muchos de ellos aventureros y audaces, que arriesgaron capital y esfuerzo con perseverancia y empeño; pero fueron también pioneros los obreros, colonos, agricultores y artesanos chilotes que se instalaron paulatinamente en la Patagonia, que trabajaron el campo y la ciudad, los bosques y las montañas, la pampa y el mar; así como fueron pioneras las mujeres que vinieron al extremo austral del mundo, acompañando a sus maridos, hermanos y parientes, y que forjaron hogares y familias.
En este contexto, y siempre en términos de historia del trabajo, la presencia y el aporte chilotes, que se puede observar simplemente en los nombres de los dirigentes sindicales obreros, debe ser considerado un factor fundamental en el desarrollo de la historia social y política de Magallanes.


Pero, además y sobre todo, cuando en la Patagonia y en Magallanes se habla de historia social, se está hablando también de una historia del trabajo, y el trabajo en Magallanes lo realizaron a lo largo de este siglo de historia, muchos chilenos y extranjeros inmigrantes pero principalmente los chilotes: primero llegaron aquí a Magallanes obreros escoceses, ingleses y malvinenses, y después vinieron masivamente los chilotes, aprendieron las técnicas de trabajo de aquellos europeos y fueron a continuación quienes contribuyeron mayoritariamente con su trabajo, con sus herramientas y su experiencia y sabiduría prácticas, con su empeño y esfuerzo, para que se desarrollen la ganadería, la industria y el comercio, en la medida en que ellos (o sus hijos y descendientes) fueron los obreros de los frigoríficos, de mar y playa, los ovejeros y los puesteros, los empleados de las oficinas y las industrias que hicieron funcionar los rodajes esenciales de las empresas regionales.
Pero también, la conquista inicial de la Patagonia chilena, desde las costas del Estrecho de Magallanes, así como la fundación de Punta Arenas, fue obra de los colonos chilotes, desde la expedición de la Goleta "Ancud" en adelante.
Además -y este el esfuerzo común que realizaron- los chilotes llegados a Magallanes no trabajaron solos; aquí se encontraron con comerciantes, industriales y artesanos extranjeros emigrados: ingleses, escoceses, alemanes, eslavos en general, franceses, italianos y españoles, entre otras nacionalidades, quienes, al igual que los inmigrantes del sur de Chile, trajeron sus conocimientos, su experiencia, su sabiduría, sus estilos y disciplinas de trabajo, y juntos hicieron territorio y levantaron el progreso de Magallanes.


Es importante poner de relieve aquí que los inmigrantes chilotes que descendieron al sur hacia la Patagonia chilena y argentina, eran básicamente agricultores (de la papa y el trigo) y artesanos de la madera y la pesca, y hubieron de convertirse en ovejeros y ganaderos, lo que debe haber significado lentos y costosos procesos de adaptación y cambio de hábitos, costumbres, estilos y ritmos de trabajo.


(Texto presentado en el año 2002 a la Comisión Bicentenario)